
La fotografía empezó mucho antes de que tuviera una cámara.
Desde muy pequeña siempre tuve admiración por la naturaleza. Donde a muchos les llamaban la atención los videojuegos, a mí me gustaba pasar tiempo en el patio de mi casa. Miraba como crecían las plantas, las flores, el pasto, me gustaba prestar atención a la luz, como el sol pintaba las hojas, como se proyectaban las sombras y los patrones que se creaban a lo largo del día.
En ese momento no tenía una cámara, ni un celular, tampoco estaba la chance de poder comprarme una, ni por asomo. Pero lo que sí tenía, era lápiz y papel. Así que todo lo que veía o podía imaginarme, se convertía en un dibujo, otro y otro… Nunca fui buena dibujante, pero era la forma que tenía de plasmar lo que me había llamado la atención.
Cada vez que veía una flor, no podía evitar acercarme, sentir su perfume y apreciar sus detalles, ver si por casualidad habría algún bichito nuevo para apreciar y seguir por unos minutos, quería saber qué hacía y por un momento quería sentirme así de pequeña, imaginando que caminaba por un hermoso lazo rosado, deslizandome por un enorme y cóncavo pétalo rojo o por qué no, topándome con una gigantesca gota de rocío en el medio del paso.
Cada pequeño sector del patio de mi casa, era un inmenso mundo para mí.
Pero no quedaba sólo ahí, cada vez que tenía la oportunidad de viajar con mi familia, los paisajes también pasaban a ser parte de mis dibujos. Siempre que estaba cerca de un río, lago, arroyito, me sentaba a escuchar el agua correr, tocar si estaba fría o cálida, ver peces, o si había plantas debajo de la superficie, quizás si encontraba musgos, hongos y vida en general. Todo era un universo infinito de diversión para mí.
Con el tiempo fui creciendo y pude tener mi primera cámara digital compacta (que todavía la tengo y funciona). Recuerdo que yo me adueñaba de la cámara en los viajes familiares, pero no eran muchos los retratos que sacaba, la mayoría eran de paisajes. Sin embargo, como el almacenamiento era muy limitado, al volver a casa, sentía que habían quedado muchas cosas sin ser registradas.
Cuando tuve mi primer celular con cámara, me pasaba horas sacando y borrando fotos, hasta que por allá quedaba una que me gustaba mucho y pasaba a ser mi nuevo fondo de pantalla.
Nunca tuve a nadie que me enseñara sobre el mundo de la fotografía, que le gustara congelar momentos, que tuviera algún tipo de pasión por los registros fotográficos. Pero de alguna manera estos acercamientos que tenía con dejar registro de lo que veía, me llenaba el corazón de felicidad. Y quiero hacer un paréntesis en esto, no era pasión por la fotografía, por el funcionamiento de una cámara, por lo tecnológico, las técnicas, la edición, sino que lo que me alegraba, lo que me llenaba, era que por fin podía dejar registrado para siempre lo que había visto y me había gustado tanto, esa elección de congelarlo en el tiempo.
En cierto modo esto siempre estuvo conmigo, desde el momento que solo contemplaba, cuando comencé a dibujarlo y cuando tuve los primeros registros digitales de mi propia autoría.
Y saben cuando comencé a tomármelo en serio? Cuando elegí hacer la carrera de Fotografía Digital en la UPC. Ahí necesitaba una cámara reflex, necesitaba lentes, necesitaba equipo. Y era algo que no estaba dentro de mis posibilidades económicas, pero si quería aprender, tenía que conseguirlos.
Así que mis esfuerzos estaban puestos en esa meta, comenzar comprando una cámara y luego agregando accesorios al paquete.
Y bueno, un día se pudo, con los ahorros que salían de mi trabajo, con el aporte de mi novio, actual esposo y con el regalo de $4000 pesos de uno de mis tíos, se logró. La Nikon D3300 con su 18-55mm, era mía. Ahora podía aprender, sacar muchas más fotos y empezar a profesionalizarme para que lo que yo veía, también lo pudiesen ver las otras personas. Y les cuento un secreto? (Todavía sigue siendo la cámara con la que saco las fotos que están viendo en mi perfil).
Entonces ahí descubrí que la fotografía era mucho más interesante que de lo poco que yo conocía. Entendí la importancia de su existencia, entendí que iba a ser mi herramienta para toda la vida. Es eso que no tenía de chica, es eso que hace que mi pasión por observar en detalle a la naturaleza, no tenga que ser borrado eventualmente, sino que yo tenga el poder de congelarlo para siempre.
Agradezco haberme cruzado con el deseo de aprender fotografía, porque fue ella la que me permitió expresarme y mostrar lo que soy.
La fotografía no creó mi pasión por observar.
Me dio una forma de conservarla.
Gracias por leerme 💚